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EL EVANGELIO SEGÚN MATEO CAPITULO 20

08 JAN 2018
08 de Janeiro de 2018

TEMAS IMPORTANTES DE ESTE CAPITULO

 

1. No tenemos derechos propios que nos permitan la entrada al reino de Dios.                             

 

La parábola de los obreros en la viña nos hace ver que aun los discípulos, que han hecho tanto por Jesús, dependen de la gracia de Dios. Ellos mismos necesitan una advertencia para que no se enorgullezcan (pensando en sus derechos), enojándose contra la bondad de Dios. De igual manera nos ponemos fuera del reino de Dios y somos un `postrero', cuando no entendemos la soberana gracia de Dios, pensando que Dios debe bendecirnos porque lo merecemos. Además, aprendemos a través de esta parábola cuán bueno es Dios para con la gente que no merece nada.

 

-       Reconocer la bondad de Dios, es de suma importancia para llegar a conocernos como pecadores inmerecedores de su gracia. Cuando reconocemos la bondad y misericordia de Dios despertamos a la realidad de nuestra verdadera condición: somos pecadores inmerecedores del perdón de Dios, y no personas que hay que alabar porque eligieron ser salvos (como si la salvación fuese asunto de elección humana).

 

2. Jesús no sufrirá derrota alguna, sino que alcanzará el triunfo final y total.                     

 

El camino del sufrimiento no es un camino incierto y desconocido para Jesús. Él conoce su final en esta tierra, pero no en sentido fatalista o tragedia inevitable, sino como realización del plan de Dios. Jesús no sólo vislumbra el sufrimiento, sino también a los que lo infringirán. Nada le acontecerá inesperadamente. Todo esto es necesario, pues al final del camino se halla la victoria. Sólo Jesús ve el sufrimiento como senda a la gloria, sólo Él ve a la muerte como enemigo para ser vencido, ¿dónde?, en su resurrección. Alabemos a nuestro Señor Jesucristo, quien a pesar del peso emocional que significó saber los pormenores de su muerte (incluyendo la ira de Dios), no se amedrentó, pues vio mucho más allá: nuestra libertad y salvación eterna.

 

3. El orgullo no nos permite mirar nuestras culpas y lo tan necesario que fue la muerte de Jesús.                                                                                                                                       

 

A los discípulos les interesaba más su propia posición en el reino de Dios y el papel que jugarían en la iglesia que la humillación de Cristo. Sin embargo, necesitamos el servicio de Cristo, su sacrificio, para ser rescatados de nuestros pecados. ¡Qué fácil puede llegar a ser para nosotros centrarnos sólo en la victoria, y no el precio que se pagó por esta victoria! Nunca olvidemos lo que le costó a Jesús nuestra salvación. Aunque bíblicamente conozcamos todos los detalles del sufrimiento de nuestro Señor, nunca actuemos con indiferencia ante ello; renovemos cada día nuestro agradecimiento por aquella preciosa sangre que por nosotros fue derramada.

 

-       El sacrificio de Jesús es único, todo posible sacrificio nuestro es fruto del obrar de Dios en nuestras vidas. La vida de los discípulos estaría marcada por el sufrimiento, de esta manera se igualarían a su Señor. Pero de ninguna manera significa que los sacrificios de millares de cristianos a lo largo de la historia se asemejen en algo al de nuestro Salvador.

 

4. Jesús nunca sucumbió ante la tentación del elogio de la multitud.                        

 

Siempre quiso mostrar su misericordia. Para esto vino. Le da más alegría el que dos ciegos sanados le sigan y le honren que una multitud que está deseosa de sensacionalismo. ¡Qué contraria es la actitud de algunos que sólo buscan lo extraordinario para aprovechar la oportunidad de propagandearse! El Señor nos dé humildad para no buscar la admiración de los hombres, sino el honor y la gloria de Dios, siendo fieles a nuestro llamamiento.

 

AVIVA CAMHI

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