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EL EVANGELIO SEGÚN MATEO CAPITULO 19

29 NOV 2017
29 de Novembro de 2017

TEMAS IMPORTANTES DE ESTE CAPITULO

1.       Para Jesús el matrimonio es una institución divina y por tanto santa.

Repudiar a la esposa, a causa de cualquier razón, no es de Dios. No tenemos que leer el presente pasaje como si Jesús tratara este asunto en todos sus aspectos, con todas sus dificultades con las que tropezamos a menudo también en la iglesia. Hay más pasajes en la Escritura que tratan este asunto tan delicado (por ejemplo 1 Corintios 7). Cuando Jesús menciona la fornicación como única razón para divorciarse, es para contrarrestar un concepto ligero del matrimonio, que finge basarse en la Escritura (Deut. 24). Los oponentes de Jesús abusan de una medida de urgencia (es decir, el divorcio permitido en algunos casos) como si fuera una regla que puede aplicarse en cualquier situación. ¡Que seamos fieles en el matrimonio como el Señor es fiel para con su iglesia! El propósito de Dios con el matrimonio es una unión para siempre.

2.       Al reino de Dios se entra sólo con una actitud receptiva y dependiente de Dios.

En la bendición de los niños, Jesús ilustró la gran verdad acerca de la salvación: ella es dada como don y no como recompensa a algún mérito en particular. Los niños vienen a Jesús para recibir la bendición sólo como un don de gracia. Cuán errado es el concepto que el hombre tiene de la salvación, como si ella fuese otorgada a los de conducta benévola o intachable. La salvación del hombre no depende de la voluntad del hombre, sino de la buena voluntad de Dios; su don salvador visita nuestra miseria absoluta, y nos otorga lo que de ninguna manera merecemos. Es por esta razón que ante el llamado de Dios sólo nos resta obedecer y recibir, y de ahí en adelante vivir en plena dependencia y obediencia a Dios.

3.       Muchas veces la riqueza impide que alguien siga a Cristo.

Cuando Jesús hizo su llamado al joven rico, de inmediato quedó al descubierto cuán atado estaba este joven a las riquezas; él no era poseedor de sus riquezas, sino el esclavo de ellas. Seguir a Cristo implica la renuncia total de todo aquello que obstaculiza mi caminar cristiano. La pregunta que nos confronta es, ¿estamos dispuestos a abandonar todo aquello que amamos para ir en pos de Jesús? El joven de esta historia no era un vividor, era una persona aparentemente piadosa; entonces el asunto no es una vida desordenada a partir de las riquezas, sino una vida esclavizada a otro que no es Jesucristo. Aquí fue el amor al dinero que impidió el seguir a Jesús, pero hay más impedimentos; un impedimento es aquella cosa a la cual somos atados, algo que para nosotros tiene mayor importancia que Jesús.

Si la salvación dependiese de la decisión voluntaria del hombre, entonces nadie sería salvo. No importa la condición en la que se viva, sea rico o pobre, todos de igual manera están imposibilitados para aceptar por propia decisión la salvación que Cristo nos ofrece. A la pregunta de sus discípulos, "¿Quién, pues, podrá ser salvo?", Jesús responde que esto es algo imposible para los hombres, pero no para Dios. De aquí que entonces la propia declaración de Pedro, que ha dejado todo para seguir a Jesús, se revele no como obra que nació de su corazón, sino de Dios mismo. Si a veces pensamos que es difícil que los ricos se conviertan al Señor, y así lo es, veamos en las palabras de Jesús ("para Dios todo es posible") un aliciente para orar en favor de la salvación de ellos, y de todos aquellos que están esclavizados a este mundo.

El Señor quiere, por su gracia, recompensar nuestra obra. Aunque vivimos solamente por la gracia del Señor, la Biblia aún habla de `recompensa'. Esto no significa que nuestras obras, nuestro amor por el Señor y el dejar por Él todas las cosas tienen en sí algo meritorio, sino que por su gracia recompensa los frutos que su propia obra en nosotros produce.

 

AVIVA CAMHI

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