Siguenos en:

EL EVANGELIO SEGÚN MATEOCAPITULO 3

31 MAR 2017
31 de Março de 2017

CAPITULO 3  (LEER TODO)

Luego de relatarnos algunos acontecimientos concernientes al nacimiento de Jesús, Mateo nos introduce a Juan el Bautista, cuyo ministerio consiste en la predicación de la cercanía del reino de Dios y la necesidad de la conversión. Él es el precursor del Rey que merece toda obediencia: Jesús. El Antiguo Testamento nos habla de Dios que viene como Rey. Esta promesa será ahora cumplida en Jesús. Y para cuando el Rey y su reino1 hayan llegado, tenemos que estar preparados. Esta preparación se llama "conversión". Conversión significa un cambio de mentalidad, de razonamiento. Asimismo implica un cambio de actitud y de vida entera.

 La predicación de Juan, que nos parece bastante dura, tiene como objetivo preparar al pueblo para la intervención redentora de Dios.

 Mucha gente viene para escuchar el mensaje de Juan, quedando muy impresionada por sus palabras. Y cuando las palabras de Juan llegan a sus corazones, confiesan sus pecados y son bautizados. Pero también acude gente con otras intenciones: los fariseos y saduceos que vienen por curiosidad. A ellos, Juan se dirige con un fuerte ataque y un mensaje muy amenazador.

 Juan conoce su lugar en el plan de Dios; él no es el Mesías mismo, solamente es su precursor. Él sólo bautiza con agua, mientras que Jesús bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Él nos dará en gran plenitud de su Espíritu; la vida nueva por medio del Espíritu Santo como el Señor había profetizado en Ezequiel 36:25. El Espíritu Santo nos lleva a una relación íntima con el Padre y Jesucristo, el Rey, y hacia su obediencia, pues esa es su obra. Jesús también bautizará con fuego. Si no le reconocemos y obedecemos como nuestro Rey, recibiremos el fuego de su castigo. Con una imagen tomada de la vida del campo, Juan ilustra el futuro juicio purificador de Jesús.

La llegada del Rey (Jesús) y del reino de Dios merece la mejor preparación de nuestra parte. La mejor preparación es la conversión y la obediencia.

 TEMAS IMPORTANTES DE ESTE CAPITULO

 1. El reino de Dios es el justo dominio de Dios sobre su pueblo y toda la tierra.

 La llegada de este reino en Jesucristo obliga a un cambio radical e inmediato: la conversión.

 La conversión consiste en:

 -       a. Un cambio de mentalidad en cuanto a nuestra forma de pensar. Esto comienza por una autocrítica, en la cual nos hacemos la pregunta si nuestra vida está de acuerdo con la voluntad de Dios, pues Él merece una vida santa, dirigida a su gloria. El arrepentimiento es entonces el principio de la conversión. El arrepentimiento no es simplemente un lamentar o un remordimiento; es un cambio total en los pensamientos y actos, de modo que se deja la desobediencia para servir a Dios en fe y fidelidad.

 -       b. Un cambio de actitud. No basta con decir palabras bonitas, promesas maravillosas, ya que Dios busca los frutos. Por eso se necesita una vida verdaderamente consagrada a Dios y a su voluntad (una vida de amor sincero y genuino como Jesús enseña en el sermón del monte).

 2. Toda predicación profética tiene el objetivo de quitar los obstáculos que prohíben el servicio sincero a Dios.

 Por lo tanto la predicación es la proclamación de las buenas nuevas, es la manera de señalar los pecados que estorban la entrada de los hombres en el reino de Dios. Los pecados tienen un espectro amplio: pecados de injusticia, dureza, auto-satisfacción, incredulidad, falta de consagración a Dios, etc.

 3. Nuestro origen religioso no es garantía de salvación para nosotros.

 Todos debemos pasar por la puerta del arrepentimiento y la recepción de Jesús como nuestro único Salvador.

 4. Si tarda la conversión, la ira de Dios no tardará.

 El arrepentimiento y la conversión son muy urgentes.

 5. La conversión no es cosa que la persona misma deba llevar a cabo.

 Es el Espíritu Santo quien nos introduce en una estrecha relación de amistad con Dios y con su Hijo Jesucristo. Es el mismo Espíritu el que desarrolla el cambio que necesitamos.

 6. En el bautismo, Jesús se hace pecador en lugar nuestro.

 Posterior a su bautismo, Jesús es capacitado para su ministerio; aquí vemos incluida la promesa de que Él quiere otorgarnos su Espíritu.

 7. Jesús es el único Hijo amado de Dios.

 Esta expresión nos habla de la relación íntima existente entre Él y el Padre. Lo que Jesús va a hacer, aunque no agrade a los hombres, agrada a Dios. Y así debe ser con nosotros, lo que hagamos debe agradar por sobre todas las cosas a Dios, sin importar que esto desagrade a los hombres. La obra de Jesús es ir por el camino del Siervo de Dios, consolar a los quebrantados de corazón, a los oprimidos y cargar con los pecados del mundo.

AVIVACAMHI

Ap. Mario Mancilla

Voltar

Sede social del Ministerio
Rua goncalves dia 191
Bras 
Tel. (11) 28558928